Miguel Herrero Herrero

 

fred Astaire
20’80 euros

 
 

 

No es de extrañar la admiración (inalterable) de ciertos aficionados al cine musical por el arte de Fred Astaire. Definir a este genial bailarín es sencillamente imposible: los genios, en cualquier manifestación, caminan solos: en este caso, bailan solos. Su innata elegancia, el movimiento de sus brazos, su entrega a la melodía, cada gesto de su cuerpo, su vestuario, su enorme simpatía, todo lo hacían único. Es perder el tiempo querer comparar a Astaire con otros excelentes bailarines que el cine ha dado, pues la mayoría de ellos SÓLO saben -o sabían- bailar, lo que tiene el mérito justo de quien aprende un bello oficio. Fred era más, mucho más. No importaba que a su lado estuviera Eleanor Powell, Cyd Charisse o Vera Ellen o Ann Miller o Rita Hayworth, Leslie Caron o la mismísima Ginger Rogers. Todo era Fred… Fred. Hombre cordial, sencillo, fiel marido y excelente padre, Astaire fue uno de esos personajes que aparecen/ desaparecen y, tras él, nadie sabe qué ha ocurrido ni cómo pudo suceder… ni antes ni después. Se llamaba Frederick Austerlitz, Jr.

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